En un lugar de la costa argentina cuyo nombre no quiero recordar se escribió por primera vez la historia del equipo de fútbol más importante de la actualidad.
En un bar oculto en la oscuridad de la fría noche se escuchaba un piano tocando un suave blues mientras las botellas de licor y cerveza resonaban en un tintineo constante. Sentados en una mesa contra una ventana, un grupo de jóvenes se entretenía con unas cartas tratando de deslizarlas por entre las botellas de fernet (ferné) y cerveza. A su lado un hombre trataba de beber el último sorbo de su cerveza, digo ‘trataba’ porque estaba tan ebrio que parecía incapaz de lograrlo. Su aspecto era sucio, como el de un mendigo, su olor era repugnante, llevaba puesta una gorra, una camiseta azul con una franja amarilla horizontal en el medio y unos pantalones deportivos despilfarrados, sus pies estaban desnudos y encallados por algún motivo. No pasó mucho tiempo antes de que los jóvenes pusieran su atención en el vecino de aspecto tan extraño. Le dirigieron la palabra y el hombre rápidamente se unió a la conversación. Después de conversar un rato el hombre hizo la propuesta que los habidos jugadores nunca olvidarían (si, los jóvenes eran no solo jóvenes sino grandes jugadores de fútbol también), impulsado por su clara adicción a la bebida el extraño hombre dijo por primera vez en la conversación algo con voz fuerte y clara, dijo: “Washupá loco, ¡washupá, que se nos va la noche!”. Todos entendieron al instante lo que el hombre quiso decir y gritaron al unísono: “¡WASHUPÁ!”. Desde ese entonces washupá no quedó solo como una evocación al alcohol sino como una forma de vida, forma de vida que hace al buen fútbol del gran equipo Washupá F.C. (Fernet Cola).